martes, mayo 15, 2012

Algar, 2012, Calcetín Amarillo, 73.


El café de don Cruz, un bibliotecario muy particular, se queda frío ante tanto trajín. Y es que la aventura que se narra en Tras los pasos del zapato no es para menos. Don Cruz es un señor ya mayor, muy despistado, que vive por y para la biblioteca. A veces se confunde y otras abre en domingo, pero siempre son pequeños lapsus hasta que pierde un zapato y su reloj. Este hecho provoca situaciones muy divertidas, llenas de ingenio y una pizca surrealistas. Cleo le ayuda a resolver el enigma, aunque más bien lo embrolla un poco más. Cleo es un ratón, pero no un ratón cualquiera, sino un verdadero ratón de biblioteca, que se pasa las noches leyendo y que sabe todo lo que está en los libros. Además es muy buen amigo del bibliotecario. Cleo, por otro lado, siempre consigue emparentarse con los personajes de los relatos que lee, de ahí que, en los momentos en que sucede el relato, se sienta descendientes del célebre Ratón Holmes.
Tras los pasos del zapato es una historia fresca y alegre, en la que su autor, Javier Fonseca, ha querido rendir un tributo a los bibliotecarios y a las bibliotecas. Para ello ha escogido a dos personajes especiales, el viejo bibliotecario y un ratón de biblioteca humanizado, aunque no son los únicos. La pequeña Alejandra es una de las asiduas de la biblioteca y se la describe como una niña muy observadora. El abogado orondo y ostentoso es el contrapunto, ya que se trata de un personaje grotesco, que se da mucha importancia y que cree que hay que ir siempre deprisa para lograr ser alguien. Excelente metáfora de la vida actual la que emplea Javier Fonseca.
El relato se estructura en torno a 9 breves capítulos y va recogiendo, como si fuera una novela de suspense, todos los pasos que llevan a Don Cruz y a Cleo a recuperar el zapato perdido. Laura Chicote ilustra el libro y corrobora la percepción que el lector tiene de los personajes, a los que dota de una especial ternura.
Tras los pasos del zapato va destinado a los lectores a partir de 8 años y es un relato vitalista, que combina la realidad con situaciones disparatadas y que apela, en todo momento, a la imaginación del lector… y también a su sentido del humor.

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